Esclava Princesa Anastacia
Hija de una Princesa Bantú de Angola, Anastacia fue una cimarrona brasilera cuya frase célebre “Yo no soy esclava” nos demuestra que muchos de nuestros ancestros hicieron relucir su dignidad ante todas las cosas.
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Existen diversas versiones sobre la historia de Anastacia. Se dice que su madre formaba parte de la realeza de Angola y se destacaba por su porte altivo, la perfección de sus rasgos, dientes blancos y labios carnosos. Llegó en un barco negrero como prisionera y luego fue vendida a un adinerado señor. Por su extraordinaria belleza, la princesa era codiciada por los hombres y envidiada por las mujeres. Fruto del sacrificio de su honra, su cuerpo y su dignidad, por la violencia de su amo, la princesa dio a luz a Anastacia, quien heredó la hermosura de su madre y los ojos azules de su amo. A medida que fue creciendo, Anastacia fue convirtiéndose en una esplendorosa joven y su belleza no pasó desapercibida. Sin embargo, su madre la crió igual que ella, como una princesa y no como una esclava. | ![]() |
Cuenta la historia que el hijo del patrón quería tenerla, pero Anastacia no cedió ante el asedio del muchacho. El joven la forzó sexualmente en varias ocasiones, pero ella siempre se negó: “Yo no soy una esclava”. Su insurrección y los celos de la amante del joven hicieron que se le impusiera la colocación de una mordaza que la privaba de hablar, así como una gargantilla de hierro en el cuello.
A pesar de su traumática situación, Anastacia siempre mantuvo su nobleza y se dice que incluso llegó a desarrollar poderes curativos y a ejercer milagros. Existe una versión de su historia que afirma que antes de morir Anastacia llegó a curar al hijo de su amo y su amante y perdonó su crueldad.
Debido a la prolongación de su tortura, el collar y la mordaza
eventualmente provocaron el desarrollo de gangrenas y acabaron
con su vida a temprana edad.
La imagen de Anastacia ha sido venerada por los negros
brasileros desde el siglo XIX, pero no fue hasta 1968 que se le
veneró como una santa. Aunque la iglesia católica no la reconoce
como tal, Anastacia sigue siendo una figura importante en la
devoción católica de Brasil.
Hoy en día la figura de Anastacia es venerada como santa y
heroína, además de ser Matriarca de la Causa Indígena y Negra.
Anastacia es sin duda una mártir de la integridad de la mujer
negra.







