Teresita Gómez, pianista ilustre

Cuando se le ve en un concierto, los dedos, el cuerpo, el movimiento, todo en Teresita Gómez es aplomo después de una larga carrera llena de triunfos pese a las adversidades.

Como si fuera obra del destino, Teresita fue abandonada cuando era sólo una cría en las afueras del Palacio de Bellas Artes en Medellín y fue adoptada por los vigilantes. En el Palacio creció rodeada de instrumentos musicales, enamorándose así del piano de cola. Por las noches, mientras todos los pasillos y salones permanecían vacíos, ella imitaba las notas que durante el día la habían acompañado y que hoy lo siguen haciendo en plena celebración de sus más de 50 años de vida artística.

El camino no fue fácil, ya que tuvo que enfrentar situaciones de racismo y discriminación antes de ser aceptada y reconocida. Situaciones como la mañana en que una de las profesoras de la Escuela de Bellas Artes de Medellín la sorprendió tocando el piano y gritó: ¡La negra está tocando! O las amenazas de su mamá por desobediente: “Si se sigue portando mal se la voy a regalar a ese negro que está pasando...” Incluso en la década del 70 tuvo que pasar 20 días en un calabozo del Ejército, durante los temibles tiempos del Estatuto de Seguridad. Era sospechosa, por negra y por rumbera.

Pero, afortunadamente, también pasan por entre sus dedos largos y fuertes las experiencias gloriosas. Como la noche en el Teatro Colón, cuando ya libre de los calabozos del Ejército vistió una manta de Amaral para hacer el Concierto N. 4 de Beethoven con la Sinfónica de Colombia: tocó magníficamente y el público deliró. No fue casualidad, el 4 es el más libre y el más profundo de los cinco de Beethoven: lo abre el piano, sin el acompañamiento de la orquesta, con una frase que es honda y reflexiva. El segundo movimiento tiene la profundidad de un abismo infinito y el tercero es un libro abierto que se puede leer alegre o violento, depende del estado del alma del artista.

En 1983 fue nombrada Agregada Cultural ante el Gobierno de la República Democrática Alemana por el presidente Belisario Bethancourt, una experiencia que le abrió muchas puertas. Durante cuatro años perfeccionó su técnica y se consagró como una gran pianista. Dio su primer concierto europeo en París y luego sería escuchada en los escenarios de Viena, Basilea, La Haya, Budapest, Varsovia, La Habana, Caracas, Brasilia y Rio de Janeiro.

De regreso a Colombia, continuó con sus presentaciones a nivel nacional y en el exterior y hoy las alterna con la docencia en Medellín. La Universidad de Antioquia le ha publicado dos álbumes que logran rescatar los sonidos autóctonos del país: Teresita Gómez en 1992, y Para Recordar, en memoria de su hijo Vladimir (fallecido), en el año 2000 y en el cual se reconoce la influencia de Harold Martina, con quien obtuvo el grado de gran concertista.

Una fructífera vida artística le mereció el premio "El Colombiano Ejemplar" en la Categoría de Cultura (Persona) en agosto de 1999. “Fue un momento muy bello, cálido, un reconocimiento muy grande de la ciudad para mí”. Para ella, quien gane este premio debe reunir cualidades como estar muy compenetrado con su país y devolverle a la ciudad todo lo que le ha dado. “Cada colombiano puede ser un Colombiano Ejemplar".

Teresita Gómez, la pianista antioqueña que ha recorrido importantes escenarios del mundo, cree que estará hasta el último día de su vida, si la vida se lo permite, dando sus clases y ayudando a otras jóvenes promesas del piano.