Anímate a visitar al ginecólogo
La visita al ginecólogo puede convertirse en un desafío emocional para la mujer. Sin embargo, es crucial para cuidar de nuestra salud tanto reproductiva como sexual. Una visita al año puede salvarnos la vida.
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Pensar en que toca ir al ginecólogo puede ponerte de mal humor, no es una cita de ensueño, pero qué alivio cuando recibes los resultados y sabes que todo marcha bien. En América Latina y en muchos países del tercer mundo, esta revisión sigue siendo un tabú, especialmente si tu doctor es un hombre. Afortunadamente, cada día más mujeres están ejerciendo esta profesión, por lo que se hace más fácil para aquellas que así lo prefieren. Si vas a una consulta con la ginecóloga por primera vez, te preguntará sobre tu salud en general, tu historial familiar respecto a enfermedades como el cáncer e incluso sobre tu actividad sexual en caso de que no tengas una pareja fija. También puede preguntarte si te han intervenido quirúrgicamente, si fumas, haces ejercicio y sobre tus hábitos de alimentación. | ![]() |
Aunque sea un poco incómodo todo el interrogatorio, es importante que le tengas confianza y no escondas nada. Cualquier irregularidad que tengas, algún malestar o síntoma que te esté afectando debes hacérselo saber para que pueda investigar y asegurarte que todo está en orden.
Adicionalmente, el especialista te consultará sobre tu menstruación, si eres regular, es decir, si tu regla es cada mes; cuándo iniciaste tu vida sexual activa (si la tienes) y cuál es tu método de anticoncepción, entre otras.
Una parte importante de la consulta es la revisión de los senos para detectar la existencia o no de tumores o cualquier irregularidad. De igual manera, la o el ginecólogo te indicará cómo puedes examinarte tú misma.
Si ya has tenido relaciones sexuales, primero te realizarán una revisión externa de los genitales, para verificar que todo está bien.
Después de eso comienza la revisión interna, la parte más incómoda de la consulta pero muy importante. Durante la revisión, el doctor podrá ver directamente el cuello de la matriz y todo el interior de la vagina para buscar quistes o verrugas.
Posteriormente se realiza lo que se conoce como el Papanicolau (PAP), un examen que toda mujer sexualmente activa debe hacerse anualmente, que detecta, entre otros, posibles células cancerígenas. La prueba consiste en introducir un cepillo pequeño dentro del cuello de la matriz para que el médico tome una muestra.
Este examen es crucial: así, el o la ginecóloga podrá medir los niveles de hormonas de tu cuerpo, sabrá si tienes alguna infección y estará al tanto de cualquier irregularidad que pueda dar origen a un cáncer en la matriz.
Por último, te harán una exploración llamada bimanual, donde se mide y toca la consistencia de la matriz y de los dos ovarios, por encima del estómago. Si sientes dolor durante la exploración, comunícaselo al doctor.
Si aún no has tenido relaciones sexuales, la revisión es diferente. Generalmente se realiza una examinación física completa que consiste en ver que no haya un exceso de vello, de acné y de peso.
La visita al ginecólogo debe realizarse al menos una vez al año y de por vida aunque no tengas actividad sexual.
Ser joven o estar soltera no te hace exenta de hacer una cita con el ginecólogo. El no tener una vida sexual activa no significa que estemos menos propensas a presentar molestias en esta zona.
Existen mujeres de todas las edades que evitan la consulta ginecológica por miedo o vergüenza de que revisen sus senos y genitales. Esto tiene que cambiar, ya que pones tu vida en riesgo.
Según un estudio reciente, las mujeres de descendencia afro tienen un porcentaje de riesgo mayor de desarrollar enfermedades como el cáncer, debido a la falta de información y en ocasiones por negligencia y las consecuencias son fatales.
El sentimiento de vergüenza respecto al sexo o la desnudez, además de opiniones mal infundadas, hacen que las mujeres le resten importancia a la consulta.
En caso de experimentar alguno de los siguientes malestares, visita al ginecologo lo más pronto posible:
- Dolor o ausencia menstrual
- Sangrado una vez acabada la menstruación o después de tener relaciones
- Flujo vaginal abundante o de color amarillento / verduzco
- Malestar al orinar
- Problemas en las glándulas mamarias o dolor en los senos
- Comezón excesiva
Si consideras que eres una persona sana por no presentar síntomas de enfermedad, no descartes la idea de someterte periódicamente a un examen médico para corroborar que todo está bien.







