Afroargentinos, comunidad invisible

En el proceso de construcción de la identidad histórica nacional y étnica de Argentina, para los afroargentinos, valorar el ancestro negro sigue siendo difícil. Mediante su ocultamiento fenotípico y cultural, se ha ignorado su historia, su actualidad y sus derechos de los procesos socioculturales en la definición de la nacionalidad. ¿Cómo ignorar que existió y sigue existiendo una comunidad de ascendencia negra en Argentina?

En la época colonial un tercio de la población argentina de la colonia era de raza negra o africana, en su mayoría esclavos al servicio de sus amos criollos.

Los africanos que llegaron a territorio argentino provenían en su mayoría de las zonas costeras o centro costeras de África, de acuerdo con la época del año en que se les capturaba. Es por esto que la documentación histórica señala las diferencias entre los congos (de Camerún y Congo), los benguelas (de Angola), los cafres (de Mozambique y Madagascar), los mandingas (de Guinea), entre otros. No traían consigo una única cultura y ni siquiera un idioma común que les sirviera para comunicarse entre los distintos grupos.

Desde su primera fundación Buenos Aires tuvo esclavos. En su libro "Arqueología de Buenos Aires" de Daniel Schavelzon, el autor apunta que para la segunda mitad del siglo XVIII la población de color representaba entre el 25 y el 30 por ciento de los habitantes urbanos. Desde Buenos Aires -comenta Schavelzon- salían enormes caravanas de gente encadenada que viajaba para ser vendida en Potosí, Córdoba, Tucumán o Santiago de Chile. Nadie los vio partir, nadie los oyó pasar. Entre 1612 y 1615 -sólo tres años de esos tempranos tiempos- salieron desde la aldea que era Buenos Aires, 4.515 esclavos hacia el interior. Más que caravanas eran eran hileras de terror y muerte, agrega Schavelzon.

En 1816 fue proclamada la libertad de los esclavos, pero durante las guerras de independencia y las sucesivas guerras civiles, muchas veces las personas de raza negra fueron utilizadas como carne de cañón. Esto disminuyó dramáticamente el número de personas de esta etnia, sobre todo los de sexo masculino.

Posteriormente, con la epidemia de fiebre amarilla de 1871 que azotó Buenos Aires, se vieron afectados muy gravemente los barrios bajos de la ciudad, en donde vivían la mayoría de los restantes individuos de raza africana del país. Esto redujo su población en forma muy marcada.

Sin embargo, a pesar de todos estos percances, en 1880 sobrevivían varios miles de negros en el territorio argentino, en su mayoría de sexo femenino. Muchas de estas mujeres tuvieron descendencia con los recién llegados inmigrantes italianos y españoles, pero nuevamente, al ser tan mayoritario el grupo europeo frente al africano, el primero se convirtió pronto en dominante.

Después de la desaparición abrupta de la comunidad afro-argentina, con las oleadas inmigratorias, en la década del 40 y del 50 comienzan a llegar inmigrantes africanos como marineros, desde Cabo Verde, en África.

Un estudio reciente determinó que casi un 5% de la población argentina tiene al menos un antepasado de raza negra. También en el interior hay varias comunidades que se asumen como descendientes de los primeros negros.

El reclamo de una argentinidad sin negros es producto de una construcción ideológica que hizo del estereotipo "nación de raza blanca y de cultura europea" un elemento clave de la identidad argentina. Su exclusión contribuyó a la invisibilidad de su protagonismo con indios y europeos en la construcción de la nación.

África Vive en Argentina
La fundación África Vive es una de las organizaciones que luchan por los derechos de los afroargentinos. Presidida por María Lamadrid, afrodescendiente de quinta generación, la fundación emprendió el primer censo sobre argentinos de ascendencia africana con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, para batallar en contra del anonimato. Hasta hace poco los afroargentinos eran ignorados por las estadísticas oficiales.

Las primeras estimaciones arrojaron que son alrededor de 2 millones los afrodescendientes que viven en el país, sin considerar el color de piel como un requisito excluyente. Pero el olvido oficial dista de ser el único problema. Hoy los afroargentinos siguen siendo esclavos, pero de la miseria.No tienen estudios ni cultura, ni cómo capacitarse. Muchos tienen problemas de alcoholismo, drogadicción o prostitución, explica Lamadrid. El panorama no es uniforme para todos los afrodescendientes.

¿El lenguaje argentino, plagado de términos africanos?
La mujer es una mina (grupo étnico africano), la música popular urbana es el `tango' (de tangó, bailar, en Congo), los zapatos aún para algunos son los tamangos, el servicio doméstico la mucama (por otro grupo étnico), el estómago de la vaca es el mondongo (grupo étnico Kumbundu; se les daba de comer a los esclavos), la sandía fue traída de África por esclavos en el siglo XVll y el `quilombo' es la palabra que en toda América indica los asentamientos de cimarrones (afros huidos al monte)".

"El nombre de la banana proviene de un pueblo en Malí, los ladrones van en `cafua' de donde los saca `mongo'; en la cancha de fútbol usan una bengala ; y hay muchas más palabras del lunfardo como `tongo', o habituales como `ganga', `bochinche', milonga , zamba y mandinga, del mismo origen.

Supersticiones racistas
En Argentina y en otros países de Sudamérica es común ver reacciones como rascarse las rodillas o pellizcarse, cuando se acerca una persona negra, por creencias supersticiosas. Actitudes como estas demuestran el nivel de ignorancia que persiste en la sociedad todavía en el siglo XXI.