Afroboliviana con orgullo

Durante 18 años no tuvo conciencia de sus raíces. Los tambores la despertaron con el llamado de su raza. Ahora es asesora del Movimiento Cultural Saya Afroboliviana.

Marfa Inofuentes nació y se crió en la ciudad de La Paz, capital de Bolivia. Pasó poco tiempo en la comunidad de Los Yungas donde habita la mayoría de los afrodescendientes bolivianos.

En 1980 se presentó por primera vez la Saya, danza que identifica plenamente a Los Yungas, en la ciudad de La Paz. La Saya era interpretada en todos los acontecimientos de la comunidad expresando, a través de sentidas coplas, todos sus sentimientos, tanto alegría como tristeza, tanto pedidos como quejas al patrón.

“Todo empezó con la canción Llorando se fue, presentada por Los Kjarkas como saya, aunque es un caporal. La escuchábamos en la radio y eso ocasionó gran confusión en la gente”, comenta Marfa. El caporal nace de la saya. En el caporal se representa al capataz de la hacienda, que lleva un látigo. No es inspiración afro. Esto motivó a muchos a organizarse en el tema de la danza. “Me movió el corazón. Me dije: “Dios mío, ¿dónde he estado yo? ¿Qué ha pasado conmigo? Tengo que estar aquí, éste es mi lugar y debo estar con mi gente. Así empecé. Empezó a nacer en el corazón”.

Otro factor que los motivó a organizarse fue que muchos jóvenes que emigraban a La Paz, en la década del 80, se encontraran con una pared que no podían rebasar: la discriminación. "La vida del campo es diferente a la citadina, donde uno se enfrenta a la discriminación. Sufre traumas psicológicos, porque en la ciudad, ver a los afros es signo de buena suerte para los mestizos y aymaras. Se pellizcan como si fuéramos amuletos. Es molestoso, porque es una ofensa para nosotros. En los Yungas, no ocurrió nunca".

Marfa tuvo la oportunidad de trabajar en un museo. Consciente de que cualquier trabajo honesto no es denigrante, realizaba sus tareas lo mejor posible, a pesar que las mismas fueran repartir invitaciones, la limpieza entre otros. No existía la posibilidad de que trabajase como secretaria o algo similar. Durante los eventos permanecía relegada en un rincón, sin tener la oportunidad de conocer a nadie, como si fuera parte del ornamento del local y nada más. En una ocasión, al tiempo que empezaba el movimiento, el director del museo llegó a decirle: ¿Qué vas a hacer con esos negritos? Dedícate a otras cosas. Estas perdiendo tu tiempo..., a manera de desanimarla.

Para Marfa, la mejor manera de superar la discriminación es elevar la autoestima. Los afro-bolivianos la tuvieron muy baja y por mucho tiempo. Desde la época colonial se les consideró como un objeto, una fuerza laboral sin uso de razón, y por lo tanto, sin derechos. Eso creó una especie de tara mental; los afro realmente creían que sólo servían para el trabajo fuerte y que no tenían capacidad para estudiar o ser profesionales.

Para contrarrestar este sentimiento trabajaron para saber quiénes eran y de dónde venían, aspecto importante para valorarse y motivarse para demostrar que podían ser profesionales y tenían capacidad.

Muchos sentían vergüenza de ser negros porque desconocían su historia y su cultura. Fue un arduo trabajo para el movimiento, sobre todo cuando los habitantes estaban sujetos a la discriminación día a día. Pero hay un avance en cuanto a tolerancia y respeto.

Gracias a su esfuerzo y auténtica dedicación por rescatar los valores de la cultura afro-boliviana, Inofuentes es ahora asesora del Movimiento Cultural Saya Afroboliviana.


Mujer afroboliviana con sus hijos